El valencianismo lleva años sufriendo por su Valencia. El Valencia ya no es lo que era: ya no es aquel equipo respetado en todo el mundo, capaz de emocionar y de competir de tú a tú contra cualquiera.
Aun así, su afición sigue estando ahí. Sigue animando, llenando Mestalla y llevando al equipo en volandas a pesar de la situación actual. Porque es ahora cuando más necesita el Valencia a su gente.
Una noche que prometía ser mágica
Ayer, con motivo de los cuartos de final de la Copa del Rey, Mestalla volvió a llenarse. Y no solo eso: se vivió otra noche especial.
El recibimiento fue espectacular, de los que marcan una época, de los que construyen historia. Parecía que se estaba generando otra de esas noches inolvidables: de Champions League, de Copa UEFA, de Copa del Rey, de Liga…
Sí, Mestalla era una olla a presión.
El minuto 95 que lo cambió todo
Por desgracia, Mestalla se apagó en el minuto 95 con el gol del Athletic Club.
Una jugada entre los hermanos Williams que cambió el partido, destrozando el corazón de todos los valencianistas y hurgando aún más en la profunda herida del equipo che.
Exigir… pero desde el análisis
El Valencia y el valencianismo deben exigir responsabilidades. Pero para hacerlo es necesario aceptar primero la situación actual, identificar puntos fuertes y puntos débiles, y empezar a construir desde ahí el nuevo Valencia.
Está claro que somos un equipo con limitaciones, pero también con virtudes. Y hay que poner nombre a las cosas para poder aprender, crecer y mejorar.
La acción que explica muchas cosas
Por eso me gustaría detenerme en una acción concreta:
¿Por qué se queda parado Ramazani cuando pierde el balón?
Este comportamiento da pie a la jugada del segundo gol en el descuento y, en consecuencia, a la eliminación.
Puedo entender que un jugador no esté motivado o que esté descontento por entrar en el minuto 85. Pero el escudo, la afición y la historia del Valencia se deben respetar siempre.
Pongo este ejemplo porque acciones de este tipo han castigado al Valencia no solo ayer, sino durante toda la temporada. Este tipo de comportamientos facilitan transiciones rápidas del rival, generando distintas superioridades:
- Numérica: varios jugadores se quedan parados y el rival ataca con más efectivos.
- Cualitativa: los jugadores ofensivos rivales suelen ser más rápidos y desequilibrantes que los defensores (ejemplo claro: los Williams).
- Posicional: Iñaki Williams desaparece del campo visual de Foulquier, le gana la posición y marca.
La identidad también se entrena
Soy consciente de que los tiempos han cambiado. No podemos pretender que los jugadores de hoy actúen como los de antes: Albelda, Kily González, Aimar, Kempes, Claudio López, Ayala…
Pero precisamente por eso debe existir un programa de inclusión del jugador-persona dentro del entorno Valencia. El Valencia se debe sentir y respetar.
Y me pregunto:
¿Existe realmente este programa en el club?
Tengo dudas de que jugadores como Ramazani o Danjuma conozcan la historia del Valencia al 100%.
¿Por qué no aprovechar a tantos exjugadores que hoy son consejeros de honor para transmitir valores y sentimiento?
¿Por qué no darles responsabilidades reales para acompañar al jugador/persona durante su etapa en el club, en lugar de limitar su presencia a actos institucionales?
Estoy convencido de que, si esto sucediera, muchos comportamientos cambiarían. Cuando un jugador ofensivo perdiera un balón, daría la vida por recuperarlo, reduciendo el tiempo entre fases y facilitando la recuperación tras pérdida.
Un ejemplo positivo fue el de Sadiq en la primera parte: perdió un balón en área rival y lo recuperó en campo propio.
El rol del cuerpo técnico
Lo mismo aplica al míster y su staff.
Si son conscientes de estos comportamientos —cosa que, a estas alturas, cuesta creer visto lo caro que se paga cada semana—, me gustaría saber qué están haciendo para ayudar al jugador/persona a mejorar su comprensión del juego y su relación con los compañeros.
Algunas pautas que podrían aplicarse:
- Aceptar e identificar el problema.
- Trabajo individualizado mediante vídeo y objetivos específicos en cada entrenamiento.
- Diseño de tareas que reduzcan el tiempo entre pérdida y recuperación (MCP/MSP).
Porque en el fútbol actual perder una décima de segundo puede ser fatal.
Posible propuesta: totalmente adaptable e modificable a diferentes contextos y exigencias.

Falta de profundidad en los metros finales
Otro aspecto a tener en cuenta es la falta de profundidad en los últimos metros, especialmente cuando se juega en amplitud.
Teniendo un jugador de la calidad y velocidad de Rioja, mi pregunta es clara:
¿Por qué no realiza desmarques en amplitud y profundidad, y solo en amplitud?
Esto limita las relaciones ofensivas y da tiempo al rival para replegarse, generar densidad en zona de balón y equilibrar áreas cercanas y lejanas.
Se acaba recurriendo a centros laterales que generan cierto peligro, pero no todo el que podrían.
Imaginemos otro escenario:
Que esos pases al pie del extremo fueran al espacio, entre central y lateral.
¿Cuántas veces Rioja se plantaría solo ante el portero, tras desaparecer del campo visual del lateral y atacarle la espalda?
Ahí aparecerían nuevas superioridades:
- Numérica: un defensor tendría que saltar, liberando espacio interior.
- Posicional: el rival debería correr hacia atrás.
- Cualitativa: más jugadores de calidad cerca del área.
- La socioafectiva, generando nuevas relaciones entre jugadores que permitirían emerger nuevos comportamientos dentro del campo, fortaleciendo la cooperación, la corresponsabilidad y la reacción colectiva ante cada situación del juego.
Ahora sí que no me enredo más y, por esto, os dejo otro juego para mejorar dichos comportamientos.
Posible propuesta: totalmente adaptable e modificable a diferentes contextos y exigencias.

Conclusión
Mestalla no se apagó solo por un gol en el minuto 95.
Se apagó por una suma de detalles: conductuales, tácticos, emocionales e identitarios.
La afición sigue. Nunca falla.
Pero para que la llama vuelva a encenderse de verdad, el cambio debe ser profundo:
- En la responsabilidad.
- En la cultura de esfuerzo.
- En la comprensión del juego.
- Y en el sentimiento de pertenencia.
Porque Mestalla puede rugir pero el equipo debe darle motivos para hacerlo.